lunes, 18 de septiembre de 2017

DISERTACIÓN EN COLEGIO R. NARVAEZ

                          DISERTACIÓN COLEGIO RAFAEL NARVAEZ CADENILLAS

 Mi nombre es Guillermo Godoy La Rosa, Nací en el Puerto de Paita el 18 de Febrero de 1934. Quince días después mis padres me llevaron con ellos al Distrito de Miraflores en Lima. Al cumplir 2 años mis progenitores se divorciaron, dejándome a cargo de mi abuela paterna. Estudie en diferentes colegios de Lima y provincias hasta el quinto de secundaria. Al cumplir 20 años, después de un fallido intento de ingresar a la escuela de ingenieros hoy universidad, inicie mis actividades laborales en el sector agropecuario en la Provincia de Pataz de la sierra liberteña, en la hacienda de mi madre. Después de 5 años viaje a Tocache en el Departamento de San Martín, en donde permanecí trabajando en el sector agropecuario como colono por iniciativa propia, por espacio de 15 años, llenos de vivencias en algunos casos traumáticos. Cumplidos estos fui afectado por la Reforma Agraria para incorporar mi fundo al plan de Palma Aceitera. Regrese a Pataz para dedicarme al comercio y a la agricultura durante 5 años. Luego, fui contratado por Kubota Maquinarias S.A, importadora de Maquinaria Agrícola japonesa para hacerme cargo de una oficina de ventas en Chanchamayo. Allí permanecí durante ocho años, finalizados los cuales me vi obligado a dejar la zona a instancias de los terroristas de Sendero Luminoso. Desde entonces vivo en Trujillo con mis hijos, puesto que mi ultima esposa dejo este mundo arrastrada a la muerte por el cáncer. Este acontecimiento fue el factor que hizo que naciera Eugenio Goya, seudónimo con el que afloró mi vena literaria, gracias a cuya actividad creo que continúo conservando mi salud y vida. Ahora tengo 25 novelas escritas, algunas de 2,3 o hasta 4 tomos. En el campo de la poesía incursione tímida y parcamente debido al dolor almático que esta actividad me causa. Tengo que aclarar que desde los ocho años de edad me sentí fuertemente atraído a la lectura, contando para ello con la nutrida bibliotecas de mi abuela paterna que me crio bajo férreas normas de conducta moral. Años después, encontrándome en Pataz satisfice mi bibliofilia (afición a la lectura), con el contenido de la no menos nutrida biblioteca de mi abuelo materno, quedando arraigada esta afición en mi ánimo a tal grado, que cargue hasta lo intrincado de la selva con los libros que me fue permitido llevar, y, aprovechando mis esporádicos viajes de visita a mis pariente limeños, cargaba con cajones de libros que adquiría en la calle del Congreso en donde era posible comprarlos hasta por 0.50 centavos el volumen. En alguna oportunidad escuche comentarios respecto a mi cuantiosa producción literaria, agregada la suposición que esta sería más cuantiosa de haber comenzado a escribir a temprana edad. A esto simplemente conteste diciendo que de ser así, no hubiera tenido material suficiente para escribir, dado que mis novelas están basadas en mi experiencia como: “Los Niños de Sican”, inspirada en los dos años que pase jugando trompo, bolitas, run-run y con insectos acondicionados a nuestras necesidades de niños, y, cuando teníamos hambre, simplemente robábamos frutas de las huertas de los alrededores. “Pataz el Dorado” (4 Tomos). Esta novela nació por el amor que profeso a esa tierra, raíz de una rama de mis ancestros, parte de cuya historia envuelta con otras develo en ella, aunada a algunas anécdotas como la del “Huraco”, “Las lagunas Macho y Hembra”, “El Carbunco” y las costumbre de ese entonces (1955), heredadas de los ancestros españoles de los patacinos de Huaylillas, Tayabamba, Chilia, Buldibuyo, todas noveladas. “Tocache un Edén”, “Remolinos en Tocache”, “Colonos de Tocache” y “Adiós Tocache”, nacieron impregnadas por los cambios sufridos en la zona como consecuencia de la llegada de la civilización. Primero; la construcción de un aeropuerto capaz de recibir aviones cargueros de gran capacidad, gracias a lo cual llegaron tractores D8 para la habilitación de tierras para sembrar Palma Aceitera. Luego; la llegada de la carretera Marginal de la Selva que originó un cambio de vida similar a lo acontecido en el oeste norteamericano con la llegada de los colonos europeos. Allí narro historias y anécdotas regionales, muchas de ellas recibidas de boca de autóctonos, las que moldee para darles un corte de verosímitud entremezclándoles trozos de mis vivencias reales, experimentadas durante los 15 años que viví allí. De mis experiencias en el valle de Chachamayo me fue posible moldear las novelas: “Asháninka” y “Colonos de Chachamayo”, en las que expongo el choque de dos culturas: La autóctona, compuesta por Ashaninkas, Amueshas y Llaneshas, con la de los mestizos llegados de todos los rincones del Perú y aun del extranjero, como consecuencia de ser declarada esa zona franca para colonizar por el gobierno de Turno. Por mis relatos es posible vislumbrar el sufrimiento de los colonos para aclimatarse y también el de los nativos al ser desplazados y hasta esclavizados, como lo ocurrido en Pampa Waley con los ingleses que conformaron un estado dentro de otro. Cabe aclarar que no solo de mis experiencias vividas obtuve la inspiración necesaria para dar forma a mis novelas, dado que me ayudo y mucho, la lectura de obras literarias clásicas, practica adquirida desde mi niñez, obteniendo de ellas mucho material informativo y sobre todo, estilo para exponer ideas. En cuanto a mis novelas de corte esotérico (El Cristal Cósmico, Brumas, Orígenes y otras), fui asistido por el contenido de las obrar de Allan kardec, Lobsan Ramsa y otros que llegaron a mis manos. Pero sobre todo, por la información obtenida de páginas de Internet, sueños e inspiraciones inesperadas que me permitieron dar forma a las novelas que podríamos calificar como de Ciencia Ficción y parangonarlas sin mucho esfuerzo de imaginación con las de Julio Verne y H.G.Wells, tanto como con las teorías de Zecharia Sitchin, Antón Parks, Helena Blavatsky y otros Al haber ingresado a los videos y páginas de Internet publicadas por Samuel Kramer, David Parcerisa y otros, me sentí fuertemente impactado, dado que tratan sobre la verdadera historia de la Tierra, la humanidad y los astronautas antiguos que llegaron hace cerca medio millón de años. Además, todas las historias, no obstante la negación de la que son objeto de parte de la Sociedad Científica, se encuentran sustentadas en evidencias arqueológicas irrefutables, que coinciden casualmente con historias ancestrales dejadas por diferentes culturas antiguas, localizadas en lugares distantes unas de otras y que presentan un corte similar, lo que hace suponer que sean de la misma procedencia. Cabe hacer notar que en todas las historias ancestrales, hablan de seres serpientes llegados de las estrellas, portando una tecnología superior a la que el hombre posee actualmente, lo cual nos hace suponer que después de los miles de años transcurridos, la distancia tecnológica es mayor, hasta ser el caso que esos seres podrían ser calificados de dioses. Esto concuerda con el calificativo que entonces los humanos terrícolas arcaicos les adjudicaran. Para terminar, solo me queda traer a colación aquel dicho que reza: “Recordar es volver a vivir”. Al mismo tiempo que constituye nuestra identidad, porque el que no recuerda deja de ser.
                                               
                                                         ÁNGEL (CUENTO CORTO)
 Hace muchos años cuando era muy joven, en una ocasión en la que viajaba por la llamada “Jalca Grande” perteneciente a la Comunidad de La Victoria en las alturas de Tayabamba, no obstante aun ser solo las 5 de la tarde, el cielo se puso negro, haciendo mucho más difícil nuestro desplazamiento por el antiguo camino Inca que utilizábamos. El hecho de ver a lo lejos el relumbrar de una fogata localizada en mi recuerdo como el lugar que ocupaba la choza de Lucho Sopan, un amigo de tiempos anteriores, decidí ir hasta allí a solicitar posada. Los perros olfateando nuestra presencia salieron a ladrarnos, siendo esta la razón para llamar al amigo identificándome. Al escuchar mi nombre, Luchito sostuvo a los perros y de ese modo nos fue posible llegar indemnes hasta él. Los saludos, las preguntas acerca de la condición del camino y las novedades de sucesos notables del lugar de donde veníamos, fueron temas de bienvenida, seguido por la presentación de un sujeto notablemente hermoso y alto, que se encontraba posando allí. Mis peones y yo fuimos invitados a compartir el calor de la gran fogata, cuyas llamas bailaban ahuyentando el silente frio reinante. Al comienzo las palabras fueron las imprescindibles para la ocasión, hasta que el desconocido introdujo una de sus manos bajo su poncho de lana y después de hurgar afanosamente extrajo de uno de los bolsillos de su pantalón una botella casi llena de un líquido ferroso, que adivine procedía de un cilindro de aquellos en los que transportaban el alcohol de la costa, de allí, aquel color a fierro oxidado. El desconocido se llevó la botella a la boca y después de tomar un generoso trago, hizo las muecas y aspavientos propios de los borrachos. Luego, puso la botella en su frente, tal como era costumbre durante los brindis en el lugar y época y se la pasó a nuestro anfitrión. Este procedió a limpiar el pico con la mano y se la llevo a la boca, dejando escuchar el característico gorgoteo al deglutir, escanciando un gran trago. A continuación se puso la botella en la frente y mirándome insinuó una venia, para estirando el brazo alcanzándome la botella. Yo procedí de la misma forma y después de beber brinde con uno de mis peones y he hizo lo propio con su compañero, el que después de beber la entregó a su dueño. Este, después de ponerle el corcho la coloco entre sus ojotas y carraspeo, para luego hablar de esta manera: -Mi nombre es Pedro Ruiz y vengo de los baños de Jesús perteneciente al Departamento de Cajamarca. Luego volvió a beber haciendo circular la botella, utilizando los mismos ademanes anteriores. Este fue el punto de partida para que el deshielo propio de la tensión inicial diera inicio y no obstante el helado viento que calaba los huesos y que arrancaba silbidos a las pajas, el ambiente comenzó a calentarse conforme la botella de alcohol circulaba y mientras esto sucedías, cada uno de nosotros se presentó, después de lo cual, Pedro narro una historia increíble que dio inicio de esta manera: Era un día de viernes de la semana santa, que en mi pueblo se conmemora con sumo recogimiento y temor. Temor por el hecho que se cree que mientras Jesús está muerto, el demonio tiene licencia para hacer de las suyas. Me refiero a ese día en especial porque sucedieron dos acontecimientos no usuales que desato la lengua de las beatas e hizo crecer el temor en los corazones impíos. El primero fue el hecho que se desatara una tempestad eléctrica como nunca antes habíamos visto y el segundo fue la aparición de un sujeto totalmente desnudo, tan alto y blanco como extraño, que curiosamente no supo dar razón ni de su nombre. Las beatas aseguraron que Lucifer le había comido los sesos dejándolo sin recuerdos. Pero doña Petronila dijo que era nuestro semejante caído en desgracia y por lo tanto, merecía nuestra compasión. El tipo era realmente hermoso, siendo esta posiblemente la causa para que lo calificaran como un Ángel Caído, razón debida a la cual dieron en llamarlo Ángel y otras seis beatas apoyaron la moción de doña Petronila, ofreciéndose para llevarlo a su casa y además de vestido, proporcionarle comida y darle cobijo hasta que recuperara la memoria o llegara algún pariente a recogerlo. Las benefactoras acordaron al fin, que el desmemoriado permanecería un día en casa de cada una de las samaritanas y sin demora lo llevaron hasta la casa de doña Petronila. Allí lo bañaron con agua de yerbas y le acondicionaron ropa de los vestidos dejados por sus difuntos esposos. El tiempo fue transcurriendo y Ángel era visto en compañía de la beata de turno, a la que seguía como un perrito faldero a su ama. Un día, Ángel desapareció y no obstante el tesón con el que se le busco, fue imposible dar con su paradero, llegando muchos a suponer que posiblemente había recuperado la memoria volado presto a la presencia del Creador. Un día llego un cazador de vizcachas que contó que había visto a un gringo muy alto, blanco y totalmente desnudo, curioseando por los alrededores de las cuevas de donde salen las aguas calientes. Al cabo, una de las beatas, la más joven, no pudo ocultar por más tiempo su estado de preñez, y, cuando le preguntaron de quien estaba embarazada, sin recato dijo que era de Ángel. Pasó el tiempo necesario para que la mujer diera a luz, sin que se le presentaran síntomas previos al alumbramiento y los días continuaron pasando hasta que se cumplieron once meses y la mujer dio a luz un varón robusto y muy parecido a aquel que llamaron Ángel. El niño creció, siendo mimado por las siete beatas, hasta que un día ya en su adolescencia, desapareció, dejando desolada a su madre y a sus amigas. El hombre de nombre Ángel Ruiz guardo silencio y se dedicó a trazar círculos sobre la tierra con su bastón, mientras nosotros en silencio nos entregábamos a nuestros propios pensamientos, sin saber al menos por mi parte a que atenerme, creer o no, lo narrado por Ángel, dado que había escuchado cosas similares. De pronto todos volvimos a la realidad al vernos iluminados por una luz cegadora, seguida del retumbar de un horrísono trueno, preludiaste anuncio de la lluvia que se avecinaba. Fue entonces que mi amigo nuestro anfitrión, se apresuró a invitarnos a entrar a su vivienda diciendo: -Vamos a mi chocita que la lluvia no demora en caer. Presurosos cogimos nuestros bártulos y fuimos a sentarnos en un murito de piedras y barro que hacia las veces de banca en el corredor de la casa de mi amigo Luis y allí, castañeando los dientes como consecuencia del intenso frio reinante, nos aprestamos a recibir un plato de sopa de charqui de carne de res que desde que llegamos vimos a las mujeres de casa afanadas en preparar. Y efectivamente, tal como había imaginado, no paso mucho tiempo para que pusieran en casa de cada uno de los huéspedes un mate cóncavo lleno hasta el borde del humeante caldo esperado y como trama, sobre un mantel dispuesto en el suelo de tierra apisonada, una fuente de madera burilada rebosante de papas nuevas. No falto uno de los comensales que comento sobre las risueñas papas así llamadas, debido a que .en el hervor, habían reventado, mostrando su amable sonrisa que invitaba a comerlas, por tener entendido que era ese indicio de lo suave y deliciosas que estas estaban. Degustamos con deleite tanto el caldo como las papas y ya con el cuerpo caliente fuimos a tendernos sobre los cueros secos de res que nuestro anfitrión ordeno a las mujeres de casa que dispusieran para nuestros lechos, así como tres gruesas frazadas de lana tejidas por ellos mismos para cada uno, no obstante yo creí conveniente adicionarles mi pocho de lana para de ese modo contrarrestar el intenso frio que se dejaba sentir, como consecuencia de la granizada. Mi sueño fue profundo y tanto, que no fui capaz de percibir las feroces picaduras de pulgas y chinches que poblaban los cueros secos de res que nos sirvieron de lecho durante la noche, siendo causa para que despertara, el trajín propio de las mujeres de la casa preparando el desayuno, que sol s e diferenciaba de la cena por la hora que eran servidas las comidas. La granizada había dejado de caer y en su reemplazo caía una menuda y persistente lluvia, de aquella llamada “Moja Burro”, debido a que no obstante lo apretado del pelaje de este noble y sumiso animal, lograba traspasar el pelaje, siendo causa hasta de su muerte en ocasiones. No obstante que yo y mis peones nos percatamos de la ausencia de Ángel, nos guardamos de hacer comentarios alguno al respecto y solo cuando después de haber desayunado el mismo menú de la noche anterior nos disponíamos a marcharnos, como al desgaire dije a mi amigo: -Seguramente Ángel se marcho muy temprano. A lo que Luis respondió diciendo: -Ángel nunca duerme y no teme enfrentarse a la noche más oscura aunque truene o llueva. Debido a esto fue que casi sin desearlo pregunte: -¿Acaso se fue anoche mismo? Recibí como respuesta un movimiento afirmativo de cabeza de mi anfitrión, sustentando este ademán con un rotundo: -Si

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